País de mentiras, Sara Sefchovich

NO, este libro no habla de Pinocho

Un libro implacable y honrado. Un documento fundamental para comprender, reflexionar y debatir el México actual y todos sus detalles mas interesantes que pasan por fuera de la vista del hombre y de la mujer común. Sara Sefchovich cumple con una tarea fundamental: la obligación ciudadana de vivir en la indignación permanente: criticando, denunciando, proponiendo, sacudiendo

País de mentiras, Sara Sefchovich

México tiene una larga tradición de autoanálisis. Aunque muchos países latinoamericanos hacen intentos por definir su esencia y su idiosincracia, México ha sido particularmente rico en este camino intelectual. Otros países latinoamericanos tienen escritores que son conocidos por su poesía o su narrativa, pero sólo en México el premio Nobel le ha sido otorgado a alguien que además de sus excepcionales contribuciones poéticas es también autor de un ensayo fundamental sobre la identidad nacional: Octavio Paz, cuya obra El laberinto de la soledad sigue siendo indispensable con todo y que hoy día ya exige lecturas críticas.

Sara Sefchovich es una socióloga profesional, investigadora y profesora en la Universidad Nacional Autónoma de México. Su libro La suerte de la consorte sobre las esposas de los presidentes de México, cuya historia ha sido ignorada, es un espléndido ejemplo de historia social y de narrativa feminista.

País de mentiras es un trabajo de gran envergadura, no solamente por la enorme cantidad de temas que abarca, sino por la cantidad de evidencia que proporciona en apoyo a sus tesis. El libro se basa en las columnas que la autora publicó durante más de una dé cada en el periódico El Universal, pero es mucho más que fragmentos pegados entre sí, porque las reorganizó e integró hasta formar capítulos unificados en los que proporciona una cuidadosa información bibliográfica que pocas veces se encuentra en ensayos intelectuales de este tipo, con argumentos, palabras textuales, fuentes impresas yentrevistas, editoriales de periódicos, registros estadísticos, informes oficiales, la Constitución mexicana y otras leyes y códigos, todo perfectamente citado en más de 1000 notas de pie de página.

En una de las solapas se anuncia además la creación de una página electrónica para seguir reuniendo las mentiras nacionales, lo cual significa que el libro no es una investigación terminada sino el paso inicial en lo que seguramente ella espera que se convierta en un vigoroso debate nacional sobre las mentiras y el mentir en la vida política, social, cultural e individual de México.

Las tesis sobre las que se sostiene la investigación de Sefchovich se explicitan de manera inductiva y deductiva. El primer tipo se observa en el esfuerzo por estructurar el enorme corpus clasificándolo en función de sus contextos históricos y de sus dinámicas particulares en situaciones sociales que se consideran ejemplares. Es el caso de las mentiras que tienen que ver con la brecha que existe entre las declaraciones oficiales del gobierno mexicano, que se afirman como “hechos y milagros” en cada uno de los periodos sexenales que dura la presidencia, frente a los datos verificables de la realidad. O son los casos que tienen que ver con los culturemas de la sociedad mexicana, como la alarmante separación entre los mitos nacionales sobre la familia y los datos reales de abuso y disfuncionalidad en ella, o la distancia entre las garantías individuales sobre justicia, salud, seguridad y educación y su aplicación, pues el sistema no puede cumplir por razones económicas o políticas.

El segundo tipo, el enfoque deductivo, se observa cuando hacia el final del volumen la autora se detiene para intentar responder a la cuestión de por qué la realidad social mexicana está tan inextricablemente ligada con la mentira. Ella lo atribuye a una tradición heredada de autoritarismo, a la difícil inserción de México en la modernidad, a la complicada posición del país frente a Estados Unidos, América Latina y Europa y a las condiciones de sobrevivencia en la sociedad mexicana, ya que en todos los estratos la falta de recursos va de la mano con el imperativo de proteger a toda costa el estatus que se ha alcanzado. La existencia del caudillaje; el convencimiento del poder de la palabra para crear la realidad y no solamente para describirla (“si digo algo, ese algo es”); la necesidad de que el país se perciba como capaz de cumplir los grandes proyectos de la Revolución mexicana en el contexto de las dificultades tanto de la modernidad como de las relaciones internacionales; el deseo de demostrar que México es el primus inter pares en América Latina, y la simple y llana incapacidad del sistema económico —incrementada por la incontenible corrupción, la falta de rendición de cuentas y el fraude para las aspiraciones sociales y políticas— son las referencias a partir de las cuales la autora deduce la forma por la cual la mentira es siempre y desde siempre la forma de encubrir las deficiencias, incompetencias, manifestaciones de cinismo y privilegio tanto de la ideología como de la pragmática, por encima del análisis social objetivo. El resultado es una caracterización densa, temendamente absorbente y brutalmente enfurecida de la vida mexicana con todas sus texturas.

Por supuesto, México no es el único país de mentiras ni es el único tampoco que ha creado esas muy barrocas habilidades de supervivencia. Pero lo que Sefchovich se ha propuesto hacer no es sólo mostrar la manera en la cual mentir es inherente a la vida mexicana, sino también buscar los orígenes de este proceder; documentar sus interacciones específicas con los problemas de la sociedad mexicana contemporánea, y pensar sobre cuáles son los efectos que ello ha tenido en la vida colectiva e individual.

El trabajo de Sefchovich es al mismo tiempo y de muchas maneras un análisis retórico y una investigación de la semiótica del discurso social y político. Por una parte, hace un catálogo sumamente detallado de las distintas formas de mentir y de sus estructuras lingüísticas y semánticas y, por otra, organiza el texto como un documento de ciencias sociales, lo cual dada la extensiva documentación en que se apoya, hace que el suyo no sea un escrito de opinión personal sino una laboriosa investigación académica.

En el caso del análisis del discurso, basta con revisar la segunda parte del Libro primero, que está organizada en torno a las grandes mentiras y dividida en dos partes: ficciones para exportación y engaños para consumo interno.

En estos dos segmentos perfectamente equilibrados y yuxtapuestos, cada uno de más de cincuenta páginas, la autora analiza, a través del uso de preguntas retóricas, los culturemas e ideologemas que tienen que ver con las instancias culturales y las instituciones. El primer segmento se refiere al compromiso del país de respetar los derechos humanos y el ambiente, el multiculturalismo, la diversidad, las relaciones con no–mexicanos y la democracia. El segundo se enfoca a la familia, la justicia social, la educación y la cultura, los indios, la economía y el eterno gran tema de la identidad nacional. En estos dos segmentos es donde el interesado en la literatura y la producción cultural de México encuentra el material de mayor interés.

Si bien Sefchovich está predispuesta a responder a sus preguntas retóricas de manera negativa, ofrece suficientes argumentos de por qué esto debe ser así. Es claro que existe una continuidad entre sus conclusiones y su manera de escribir contestataria. La articulación de un problema, la formulación de una pregunta retórica, la respuesta negativa categórica a dicha pregunta sustentándola en documentos, datos y fuentes de calidad: ese es el proceso de escritura que sigue Sara Sefchovich en País de mentiras.

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