El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares, Ransom Riggs

Al principio pensé que era un libro de terror

La primera vez que vi la portada de este libro realmente pensé que se trataba de una historia de terror de esas que no te dejan dormir tranquilo en las noches. Si piensas que estoy mal con respecto a mi primera impresión, solo mira la portada del libro y dime que piensas…

Pero ya dejando de lado mi primera impresión el libro es realmente envolvente, si no tienes el hábito de la lectura aún así no podrás parar de leer, sentirás que las últimas líneas podrán llevarte un poco más del sazón del libro y dejar pistas que hicieran volar la imaginación y poder pensar como será el siguiente pero de ahí en adelante es uno de los mejores libros que tendrás el gusto de leer por su lectura fácil y con una historia interesante y divertida.

 

 

El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares

Sinopsis

Sorprendente e inquietante. Una novela inolvidable.
El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares es una enigmática historia sobre niños extraordinarios y monstruos oscuros; una fantasía escalofriante ilustrada con inquietantes fotografías vintage que deleitará a jóvenes y adultos. De niño, Jacob creó un vinculo muy especial con su abuelo, que le contaba extrañas historias y le enseñaba fotografías de niñas levitando y niños invisibles. Ahora, siguiendo la pista de una misteriosa carta, emprende un viaje hacia la isla remota de Gales en la que su abuelo se crió. Allí, encuentra vivos a los niños y niñas de las fotografías aunque los lugareños afirmen que murieron hace muchos años.

Un poco del principio:

Acababa de aceptar que mi vida sería de lo más normal cuando empezaron a suceder cosas extraordinarias. La primera me llegó en forma de una conmoción terrible y, como cualquier cosa que te cambia para siempre, me partió la vida en dos: Antes y Después. Como muchas de las cosas extraordinarias que iban a suceder, involucró a mi abuelo, Abraham Portman.

Durante mi infancia, el abuelo Portman era la persona más fascinante que conocía. Había vivido en un orfanato, combatido en guerras, surcado océanos en barcos de vapor, cruzado desiertos a caballo, actuado en circos, lo sabía todo sobre armas y autodefensa, y de cómo sobrevivir en la jungla, y hablaba al menos tres idiomas además del inglés. Todo resultaba inconmensurablemente exótico para un niño que jamás había abandonado Florida, y le suplicaba que me obsequiara con nuevas historias cada vez que le veía. Él siempre me complacía, contándolas como si fueran secretos que solo yo podía escuchar.

Cuando tenía seis años decidí que mi única posibilidad de tener una vida la mitad de emocionante que la del abuelo Portman era convirtiéndome en explorador. Él me animaba pasando las tardes a mi lado, encorvado sobre mapas del mundo, urdiendo expediciones imaginarias y marcando las rutas con chinchetas rojas, a la vez que me hablaba de los fabulosos lugares que descubriría algún día. En casa daba a conocer mis ambiciones desfilando con un tubo de cartulina ante el ojo y gritando: « ¡Tierra a la vista!» y « ¡Preparad un grupo de desembarco!» hasta que mis padres me echaban afuera.

Creo que les preocupaba que mi abuelo fuera a infectarme con alguna ensoñación incurable de la que jamás me recuperaría —que aquellas fantasías me estuvieran vacunando de algún modo contra ambiciones más realistas—, así que un buen día mi madre me hizo sentar y me explicó que no podía convertirme en explorador porque ya no quedaba nada por descubrir en el mundo.

Yo había nacido en el siglo equivocado, y me sentí estafado. Me sentí aún más estafado cuando comprendí que la mayoría de las mejores historias del abuelo Portman no podían de ningún modo ser ciertas. Los relatos más fantásticos giraban siempre en torno a su infancia, como que había nacido en Polonia pero a los doce años lo habían enviado en barco a un hogar para niños en Gales. Cuando le preguntaba por qué había tenido que dejar a sus padres, su respuesta era siempre la misma: los monstruos iban tras él. Polonia estaba sencillamente repleta de monstruos, según él.

 

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