Casi el paraiso, Luis Spota

Un paraíso lleno de mentiras

Los libros de Spota se pueden encontrar en estantes de diversas librerías, con unos diseños muy bonitos y llamativos, gracias a la diligencia de la Editorial Planeta

En general, “Casi el paraíso” de Luis Spota ronda por este realismo que es auspiciado por su condición de periodista con la responsabilidad de retratar la cara más cercana a la realidad: la migración, la prostitución, la política, la corrupción. Ante esto, la obra de Spota ha sido catalogada como realismo sangriento.

 

casi-el-paraiso-libros-utilesCasi el paraiso, Luis Spota

A cuarenta y cinco años de su primera publicación, el retrato de esa clase social que esconde su mediocridad detrás del lujo y el poder desmedido, sigue siendo valido, pero los alcances de la novela no se agotan en su critica social, pues más en que ninguna otra de sus obras, la maestría de Luis Spota esta aquí presente: acción adsorbente, intriga continua, dialogo vertiginoso, trazo instantáneo de personajes llenos de vida, lenguaje natural y desinhibido y por estas razones sigue siendo uno de los grandes clásicos.

Veamos un poco de la primer parte:

 

Entró sin llamar. La cámara de Liz olía a polvos, en el calor pegajoso de la noche. —¿Me llamabas? —preguntó Ugo Conti. —Hace veinte minutos —repuso Liz sin volverse—. ¿Dónde diablos te escondiste? Dejó caer él la ceniza del cigarro sobre la alfombra. Ella continuaba de espaldas, tratando de abrir el delantero del inverosímil corsé de ballenas. —¿Por qué habría de esconderme? —Eso digo yo. De unos días a la fecha —resopló Liz Avrell, con su inglés rudo y vulgar—. De unos días a la fecha… —¿Qué pasa conmigo de unos días a la fecha? —Te has vuelto insoportable, como si yo no te importara en lo absoluto… Fue entonces cuando se volvió. Gruesos chorros de sudor resbalaban por su frente y detrás de las orejas y se encauzaban en el trazo profundo de las arrugas del cuello. Se veía lamentable, semidesnuda, dentro de esa complicada armadura de raso y varillas, que la ahogaba. Bajo el corsé asomaban los grandes calzones de jersey azul que hacían a Ugo pensar, siempre que los veía, en los restos de un globo desinflado…

 

 

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